Somos afortunados: YouTube es como los buenos profesores del siglo XX.

Por Pablo Pacheco, director Programa

"Ese profesor es bueno, porque sabe explicar en fácil lo que es difícil" más de alguno de nosotros ha dicho o escuchado una frase parecida. Si bien, aquello no es fácil de conseguir, en este siglo dista bastante de ser suficiente.

Al año 2015 un 71.6% de los hogares en Chile contaba con internet y, a finales del 2016, 62 de cada 100 personas en Chile tenía acceso a internet en sus celulares. Si bien ambos números están por debajo del promedio de los países de la OCDE, ambos experimentan una tendencia al alza. Hoy disponemos, gracias a internet, de fácil acceso a información. Además, se pueden tomar cursos online gratuitos en las universidades mejor rankeadas a nivel mundial, así como también en sitios como Coursera o Khan Academy. Inclusive, YouTube ya se ha transformado en una web muy útil para aprender. Pero, ¿cómo estamos ocupando esto para mejorar lo que ocurre en las salas de clases?

Es un hecho que los cambios en el entorno son más rápidos que los que ocurren en el aula, pero esta velocidad de cambio se puede ocupar como un escenario ideal para desarrollar la capacidad de abstracción, pensamiento crítico, creatividad e innovación entre los estudiantes. Si logramos que adquirir información no sea un desafío para los alumnos, sino sólo un dato más del enunciado; si focalizamos la mayor parte de la energía de los estudiantes en cómo utilizar la información para resolver nuevos problemas; si ocupamos los espacios de interacción presencial profesor-alumno para desafiarlos a pensar y no para explicarles lo que los libros y YouTube pueden explicar mejor, creo que estaríamos en camino a mejorar lo que dejó a Chile, el año 2015, como el país de la OCDE que menos invierte en I+D[1].

En definitiva, los docentes que necesita el siglo XXI ya no son aquellos que sepan explicar fácil lo que era difícil, tenemos la suerte de que la tecnología ya lo hace y con un mayor impacto. Este siglo necesita profesor interesados en que los estudiantes vayan más allá de lo escrito y que motiven el cuestionamiento constante de sus alumnos. Necesitamos profesores que estén dispuestos a invertir tiempo en entregar retroalimentaciones personales y frecuentes a sus estudiantes. Necesitamos docentes cuyo desafío no sea medir si un estudiante entendió el libro, sino incentivar que sus estudiantes mejoren su entorno a partir de lo que aprendieron con el libro.